La montaña interior
Shavuot
Hay momentos en la vida en que el alma vuelve a escuchar una voz antigua.
No llega como trueno.
No viene para imponer miedo.
Llega como una voz tenue que despierta algo dormido dentro de nosotros.
Hay una montaña invisible en cada ser humano.
Un lugar interior donde el ruido del mundo se detiene y, por un instante, recordamos quiénes somos realmente.
La verdadera revelación no ocurre afuera.
Ocurre cuando el corazón deja de huir de sí mismo.
Los sabios enseñan que la luz más elevada no desciende sobre quien lo sabe todo, sino sobre quien está dispuesto a vaciarse para recibir.
Por eso hay silencios que alimentan más que mil respuestas.
Y noches enteras en las que el alma permanece despierta, esperando comprender aquello que las palabras no pueden explicar.
Shavuot nos recuerda que cada persona recibe una chispa de verdad, pero no todos se atreven a sostenerla.
Porque recibir luz también significa transformarse.
Y transformarse duele cuando hemos vivido demasiado tiempo cargando versiones viejas de nosotros mismos.
Hay personas que buscan señales en el cielo, mientras ignoran el milagro de volverse más conscientes, más compasivas, más humanas.
Pero quizá el mayor acto espiritual sea ese:
convertirse en tierra fértil para la bondad.
La cosecha más importante no ocurre en los campos.
Ocurre dentro del alma.
Cada pensamiento limpio, cada acto sincero, cada palabra dicha con amor, va construyendo un templo invisible dentro de nosotros.
Un lugar donde la luz puede habitar sin rompernos.
Y entonces entendemos algo profundo:
la sabiduría no fue creada para hacernos sentir superiores, sino para enseñarnos a mirar el mundo con más ternura.
Shavuot no es solamente memoria.
Es una invitación.
A subir nuevamente a nuestra montaña interior.
A escuchar lo eterno dentro de lo cotidiano.
A recordar que incluso en medio del cansancio, del duelo o de la confusión…
el alma todavía puede florecer
“No toda luz entra por los ojos.
Hay verdades que solo pueden ser recibidas por un corazón dispuesto a despertar.”
Con Luz infinita
Monserrath


